ELECCIÓN. Acto eterno de Dios por el cual, según su gracia y su soberana
voluntad, y no a
base de ningún mérito en el escogido, él escoge
a su pueblo para tener una relación especial
con él y un ministerio especifico dentro de su
pacto. Dicha elección puede ser
de carácter nacional
(Dt. 7:6-8; cp. Ro. 11:28s.),
personal en función de la vocación y el ministerio de determinados
individuos (1 S. 10:24; Hch. 1:24),
O personal con referencia al destino final del individuo (Ro. 8:28s.; Ef.
1:4-14).
El concepto afín "predestinación" expresa la
soberanía de Dios en la historia y en la vida de
cada hombre. Dios reina soberanamente sobre:
los acontecimientos (Lc. 22:22; Hch. 2:23;4:27),
los tiempos y lugares (Hch. 17:26,31;Heb. 4:7),
las cosas (Mt. 17:25; 21:2,3; 26:18),
y las perSonas, tanto creyentes como incrédulos
(Is. 41:25, 42:1-13; 44:28-45:7; Hch. 4:27;
Ro. 9:10-13)
para cumplir sus designios en la
naturaleza y la humanidad (Sal. 115:3; Dn.4:34s.),
lograr la redención y la liberación de
los hombres (Is. 42:1-7; 61:14), y dar gloria y
honra a su santo nombre (42:8-13).
Del estudio de las diversas palabras que tanto
en heb. como en gr. significan "elegir" o
"pre-destinar" se desprenden varias implicaciones significativas:
1. El concepto y los términos de la elección y predestinación tienen mucha
más importancia en la Biblia especialmente en el AT
2. Mientras la predestinación se refiere sólo
muy contadas veces a la salvación personal
como tal, la elección se refiere típicamente a la redención del pueblo. de
Dios y (en el NT) de los
individuos.
3. Ambos conceptos son mucho más amplios
de lo que tradicionalmente se enseña.
1. ELECCION EN EL AT
Es significativo que la terminología de la elección
(bakhir) aparezca por primera vez en el libro de
Dt., en una interpretación teológica de un decisivo
acontecimiento histórico: el éxodo. El
autor no pudo entender la liberación de su
pueblo débil y esclavizad o, superando obstáculos
Es significativo que la terminología de la elección
(bakhir) aparezca por primera vez en el libro de
Dt., en una interpretación teológica de un decisivo
acontecimiento histórico: el éxodo. El
autor no pudo entender la liberación de su
pueblo débil y esclavizad o, superando obstáculos
Imposibles y conquistando la tierra de Canaán
excepto en términos de la gracia electiva
de Yahveh y de Su pacto con su pueblo. Es
constante la relación entre el éxodo y la e. en el
pensamiento deuteronómico (Dt. 4:37; 7:6-8;
10:15-22).
Además de la e. del pueblo (5 veces), Du
habla mucho mas recurrentemente de "el lugar
elegido por vuestro 1Dios (12:5; total 21 veces,
aunque Dt. nunca menciona el nombre de Jerusalén)
excepto en términos de la gracia electiva
de Yahveh y de Su pacto con su pueblo. Es
constante la relación entre el éxodo y la e. en el
pensamiento deuteronómico (Dt. 4:37; 7:6-8;
10:15-22).
Además de la e. del pueblo (5 veces), Du
habla mucho mas recurrentemente de "el lugar
elegido por vuestro 1Dios (12:5; total 21 veces,
aunque Dt. nunca menciona el nombre de Jerusalén)
y de la e. del rey (17:15) y de los levitas
(18:5; 21:5). Todos estos son elementos de la
teología particular, del deuteronomista, en torno
al acontecimiento central del éxodo.
A. En el Pentateuco
Sin usar el término elegirlos escritos anteriores
a Dt., y especialmente los relatos patriar-
cales de Gn., señalan el hecho mismo de la elección
con otros términos: llamar, apartar, Conocer,
prometer, etc. De hecho, parece interpretar la
historia premosaica a la luz del éxodo y del
concepto mas claro de la e. que provoco este.
La vocación de Abraham, Isaac y Jacob, y
las promesas que Dios les extendió, incluyen en
cada paso una separación (Abraham de Ur y su
parentela, Isaac de Ismael, Jacob de Esaú), pero
afirman a la vez que Dios los usara para bendición
a todas las naciones, en una forma única y
especial que implica una e. divina (Gn. 12:1-3
5-2 71-22; 18:17-19; 22:15-18:
26:2-5,24; 28:13-15). Si todos los pueblos podrán
usar el nombre de ellos para bendecirse,
entonces la e. de Abraham reviste un significado
redentor para todos.
Los relatos patriarcales revelan que Dios juro
un pacto con Abraham, el cual constituyó en
esencia una elección y la base de toda exposición
(18:5; 21:5). Todos estos son elementos de la
teología particular, del deuteronomista, en torno
al acontecimiento central del éxodo.
A. En el Pentateuco
Sin usar el término elegirlos escritos anteriores
a Dt., y especialmente los relatos patriar-
cales de Gn., señalan el hecho mismo de la elección
con otros términos: llamar, apartar, Conocer,
prometer, etc. De hecho, parece interpretar la
historia premosaica a la luz del éxodo y del
concepto mas claro de la e. que provoco este.
La vocación de Abraham, Isaac y Jacob, y
las promesas que Dios les extendió, incluyen en
cada paso una separación (Abraham de Ur y su
parentela, Isaac de Ismael, Jacob de Esaú), pero
afirman a la vez que Dios los usara para bendición
a todas las naciones, en una forma única y
especial que implica una e. divina (Gn. 12:1-3
5-2 71-22; 18:17-19; 22:15-18:
26:2-5,24; 28:13-15). Si todos los pueblos podrán
usar el nombre de ellos para bendecirse,
entonces la e. de Abraham reviste un significado
redentor para todos.
Los relatos patriarcales revelan que Dios juro
un pacto con Abraham, el cual constituyó en
esencia una elección y la base de toda exposición
subsecuente de la elección
(Gn 15:18, 17:2-21). De
hecho, tanto el relato de éxodo (Ex. 2:24; 6:4)
como muchos pasajes deuteronómicos sobre la
elección (Dt. 4:31-37; 7:6-9, etc.) hacen una referencia
retrospectiva a este pacto. Como, Dios del
pacto, Yahveh es celoso" (Ex. 20:5;34:14; cp.
Dt. 4:24; 5:9; 6:5) del pueblo que le pertenece
como "posesión particular" (Ex. 19:5, 23:22
LXX; cp. Dt., 4:20; 7:6; 14:2; 26:18). Su amor
es exigente y exclusivo, tanto como selectivo.
Aunque Gn. sólo habla de "un pueblo" que
Dios le concedería a Abraham, ya en Ex. se
introduce el término "mi pueblo", el pueblo de
Dios (Ex. 3:7,10; 5:1; 6:6-8, etc.). El muy
antiguo canto triunfal de Moisés celebra el
pueblo que rescataste" y "redimiste" (15:
13,16). Este pueblo se describe en Ex. 19:5s.
como "nación santa", "mi propiedad personal
entre todos los pueblos", y "reino de sacerdotes”
(BJ).
Dios "conoció" a Abraham (Gn. 18:19 BJ:
"me he fijado en él", "lo he escogido" [RSV)
y a Moisés (Ex. 33:12,17), y les puso nombre
(Gn. 17:5; cp. 32:28; Ex. 33:12,17; cp. 31:2,
yo he llamado por nombre a Bezaleel
35:30). Esto es de hecho lenguaje de e. (cp.
Am. 3:2; Ro. 8:29) y significa que Yahveh los
había escogido para su tarea especial dentro de
sus planes salvíficos. Teológicamente, dos notas caracterizan desde
el principio al concepto de la elección en el Pentateuco:
La gracia y el propósito universal de Dios al
elegir a su pueblo. Desde el principio, la e. se
atribuyó exclusivamente a la pura gracia de
Dios. En contraste con documentos de pueblos
paganos contemporáneos, que atribuyen su "elección"
a su superioridad nacional, el deuteronomista se
halla perplejo frente al misterio, por qué
Yahveh escogió a Israel para redimirlo de Egipto
y entregarle la tierra de Canaán? No fue porque
eran más numerosos, poderosos. Ni importantes
Dt. 7:7; cp. 7:1), ni más justos y piadosos (Dt.
9:4-7), sino a pesar de ser pueblo duro de
cerviz" (9:6-8,13; cp. 4:21). Fue por el puro
amor y el favor inexplicable de Yahveh, Dt.
4:37s., 7:6-8; cp. Ex. 33:19), confirmado por
su juramento y pacto (Dt. 7:8; 9:4s.). En cambio,
el exterminio de los cananeos fue castigo y
consecuencia de su impiedad (7:1-5; 9:4-6). Así
que la elección de gracia es incondicional e inmerecida,
pero el repudio es castigo merecido y justa
retribución condicional (cp. problema de "doble
predestinación en el NT, abajo).
Viste así, la elección de Israel conlleva la exigencia
de compasión hacia el extranjero y el oprimido
(Dt. 10:15,22; 15:13-15) y una misión a. los
demás pueblos.
hecho, tanto el relato de éxodo (Ex. 2:24; 6:4)
como muchos pasajes deuteronómicos sobre la
elección (Dt. 4:31-37; 7:6-9, etc.) hacen una referencia
retrospectiva a este pacto. Como, Dios del
pacto, Yahveh es celoso" (Ex. 20:5;34:14; cp.
Dt. 4:24; 5:9; 6:5) del pueblo que le pertenece
como "posesión particular" (Ex. 19:5, 23:22
LXX; cp. Dt., 4:20; 7:6; 14:2; 26:18). Su amor
es exigente y exclusivo, tanto como selectivo.
Aunque Gn. sólo habla de "un pueblo" que
Dios le concedería a Abraham, ya en Ex. se
introduce el término "mi pueblo", el pueblo de
Dios (Ex. 3:7,10; 5:1; 6:6-8, etc.). El muy
antiguo canto triunfal de Moisés celebra el
pueblo que rescataste" y "redimiste" (15:
13,16). Este pueblo se describe en Ex. 19:5s.
como "nación santa", "mi propiedad personal
entre todos los pueblos", y "reino de sacerdotes”
(BJ).
Dios "conoció" a Abraham (Gn. 18:19 BJ:
"me he fijado en él", "lo he escogido" [RSV)
y a Moisés (Ex. 33:12,17), y les puso nombre
(Gn. 17:5; cp. 32:28; Ex. 33:12,17; cp. 31:2,
yo he llamado por nombre a Bezaleel
35:30). Esto es de hecho lenguaje de e. (cp.
Am. 3:2; Ro. 8:29) y significa que Yahveh los
había escogido para su tarea especial dentro de
sus planes salvíficos. Teológicamente, dos notas caracterizan desde
el principio al concepto de la elección en el Pentateuco:
La gracia y el propósito universal de Dios al
elegir a su pueblo. Desde el principio, la e. se
atribuyó exclusivamente a la pura gracia de
Dios. En contraste con documentos de pueblos
paganos contemporáneos, que atribuyen su "elección"
a su superioridad nacional, el deuteronomista se
halla perplejo frente al misterio, por qué
Yahveh escogió a Israel para redimirlo de Egipto
y entregarle la tierra de Canaán? No fue porque
eran más numerosos, poderosos. Ni importantes
Dt. 7:7; cp. 7:1), ni más justos y piadosos (Dt.
9:4-7), sino a pesar de ser pueblo duro de
cerviz" (9:6-8,13; cp. 4:21). Fue por el puro
amor y el favor inexplicable de Yahveh, Dt.
4:37s., 7:6-8; cp. Ex. 33:19), confirmado por
su juramento y pacto (Dt. 7:8; 9:4s.). En cambio,
el exterminio de los cananeos fue castigo y
consecuencia de su impiedad (7:1-5; 9:4-6). Así
que la elección de gracia es incondicional e inmerecida,
pero el repudio es castigo merecido y justa
retribución condicional (cp. problema de "doble
predestinación en el NT, abajo).
Viste así, la elección de Israel conlleva la exigencia
de compasión hacia el extranjero y el oprimido
(Dt. 10:15,22; 15:13-15) y una misión a. los
demás pueblos.
B. En los libros históricos
Los libros de Josué hasta Nehemías no suelen
hablar de la elección del pueblo (pero cp. 1 R.
3:8; 1 Cr. 16:13) ni de los patriarcas (sólo
Abraham es mencionado en Neh. 9:7). En cambio,
menciona muy frecuentemente la elección divina
del rey (1 S. 10:24; 16:8-12; un total de nueve
Los libros de Josué hasta Nehemías no suelen
hablar de la elección del pueblo (pero cp. 1 R.
3:8; 1 Cr. 16:13) ni de los patriarcas (sólo
Abraham es mencionado en Neh. 9:7). En cambio,
menciona muy frecuentemente la elección divina
del rey (1 S. 10:24; 16:8-12; un total de nueve
veces), y aun más la
de la Ciudad de Jerusalén
(Jos. 9:27; 1 R. 8:44,48, un total de 16 veces
Esta última, según Dt. y Jos. en "el lugar que
Jehová había de elegir" (Jos. 9:27) pero no
estuvo establecida hasta los días de David
(1 R. 8:16); se define realmente con la dinastía
davídica (1 R. 8:44,48). Crónicas menciona
también la elección de los levitas (1 Cr. 15:2; cp.
1 S. 2:28).
(Jos. 9:27; 1 R. 8:44,48, un total de 16 veces
Esta última, según Dt. y Jos. en "el lugar que
Jehová había de elegir" (Jos. 9:27) pero no
estuvo establecida hasta los días de David
(1 R. 8:16); se define realmente con la dinastía
davídica (1 R. 8:44,48). Crónicas menciona
también la elección de los levitas (1 Cr. 15:2; cp.
1 S. 2:28).
C. En los profetas
Estrictamente, nunca se habla de la e. de los
profetas a la manera como se hace con los reyes
y sacerdotes; pero muchos otros términos expresan
en efecto el mismo concepto ("siervo", "llamado
desde el vientre", "Dios le puso nombre,
etc.; Vg., Is. 49:1-6).
La elección se fundamenta en la acción de Yahveh.
Mientras los profetas preexílicos la refieren a
éxodo, sin mencionar a los patriarcas (Os. 11
cp. 9:10; 13:4; Am. 3:1,2; cp. 2:10; 9:7-10,
etc.), los profetas exílicos y postexlicos remontan
la teología de la elección hasta el período patriarcal
ds. 41:8s, 51:2; Mi. 7:20; cp. Sal. 105:6,9,20,
42,43) Los profetas también hacen hincapié en que
la e. y el pacto nacen del amor y de la gracia d
Dios (Jer. 31:1-3; Ez. 16:2ss.; Os. 1:2; 3:1
11:5). Sin embargo, la decadencia de la mona
quía y la sombra del cautiverio dificultaron para
el pueblo el comprender la fidelidad de Dios y
la elección Frente a esa crisis, los falsos profetas se
apoyaban en el concepto tradicional del "pueblo
escogido" y la doctrina ortodoxa de la elección
para tranquilizar la conciencia del pueblo ante
el inminente juicio divino (Is. 48:1s.; Jer.
7:4-15; 14:13s.; Am. 5:14; Mi. 3:11). Los pro-
fetas fieles en cambio, contra toda opinión oficial
y popular pero guiados por el Espíritu de
Dios, entendieron desde el principio que la elección
del pueblo era tanto responsabilidad como privilegio,
juicio como amor (Am. 3:2), y también
vocación. La elección traía responsabilidades que, de
no cumplirse, acarreaban el juicio y la ira de
Dios (Jer. 9:2; 11:22s.; Ez. 9:4-10; 16:2743;
Jer. 20:36-38: Os. 2:13;8:1-14; 9:7-10).
Además, los profetas exílicos y postexíilicos
elaboraron una profunda teología de la historia
como horizonte del concepto de la elección
(vea especialmente Is. 40-66). Yahveh conoce desde la
eternidad todos los acontecimientos y los anuncia
de antemano (Is. 41:21-26; 44:7,26; cp. Dt.
18:21s., Jer. 28:8s.); es el Señor del pasado Is.
43:9; 45:21) y del futuro (Is. 48:3-8; Am. 3:7).
En su soberanía, él escoge y llama a pueblos
paganos EASIRIA, BABILONIA, PERSIA) y a
personas impías ESENAQUERIB, NABUCO
DONOSOR, CIRO) para juzgar a su pueblo y
realizar sus propósitos en la historia.
Si Dios usa a naciones paganas para juzgar a
Su propio pueblo, entonces a fortiori Dios juzgará
también a aquellos pueblos. Dios es, histórica
y políticamente, el señor y juez redentor de
todas las naciones. En la catástrofe nacional los
profetas descubren una universalización totalmente decisiva del obrar de Dios... Al morir
políticamente, Israel toma de la mano a esos
pueblos y los introduce en el futuro de Dios"
(Moltmann, Esperanza, p. 167s.). El único, individuo
llamado "electo entre Salomón y Jesús
es Zorobabel, en cuanto es presunto restaurador
de la dinastía davídica (Hag. 2:23); sin
embargo, a ciertos dirigentes y pueblos pagan
se aplica, igual que a los profetas, casi toda la
terminología eleccionista. Por ejemplo, Yahveh
envía a los babilonios y pone las tierras en
manos de "Nabucodonosor, mi siervo" (Jer.
25:9; 27:6; 43:10; cp. Is. 7:18ss.; 10:5ss.); despierta
a Ciro, "mi pastor, mi ungido (Is.
41:1-5; 44:28-457) y los ejércitos liberadores
de Ciro son "mis consagrados, mis valientes y
los instrumentos de mi ira" (Is. 13:1-5). En el
pensamiento profético, la acción "interina de
Dios entre el exilio y la venida del Mesías se
concentra en los profetas (dentro de Israel) y
los paganos (fuera de Israel).
Estrictamente, nunca se habla de la e. de los
profetas a la manera como se hace con los reyes
y sacerdotes; pero muchos otros términos expresan
en efecto el mismo concepto ("siervo", "llamado
desde el vientre", "Dios le puso nombre,
etc.; Vg., Is. 49:1-6).
La elección se fundamenta en la acción de Yahveh.
Mientras los profetas preexílicos la refieren a
éxodo, sin mencionar a los patriarcas (Os. 11
cp. 9:10; 13:4; Am. 3:1,2; cp. 2:10; 9:7-10,
etc.), los profetas exílicos y postexlicos remontan
la teología de la elección hasta el período patriarcal
ds. 41:8s, 51:2; Mi. 7:20; cp. Sal. 105:6,9,20,
42,43) Los profetas también hacen hincapié en que
la e. y el pacto nacen del amor y de la gracia d
Dios (Jer. 31:1-3; Ez. 16:2ss.; Os. 1:2; 3:1
11:5). Sin embargo, la decadencia de la mona
quía y la sombra del cautiverio dificultaron para
el pueblo el comprender la fidelidad de Dios y
la elección Frente a esa crisis, los falsos profetas se
apoyaban en el concepto tradicional del "pueblo
escogido" y la doctrina ortodoxa de la elección
para tranquilizar la conciencia del pueblo ante
el inminente juicio divino (Is. 48:1s.; Jer.
7:4-15; 14:13s.; Am. 5:14; Mi. 3:11). Los pro-
fetas fieles en cambio, contra toda opinión oficial
y popular pero guiados por el Espíritu de
Dios, entendieron desde el principio que la elección
del pueblo era tanto responsabilidad como privilegio,
juicio como amor (Am. 3:2), y también
vocación. La elección traía responsabilidades que, de
no cumplirse, acarreaban el juicio y la ira de
Dios (Jer. 9:2; 11:22s.; Ez. 9:4-10; 16:2743;
Jer. 20:36-38: Os. 2:13;8:1-14; 9:7-10).
Además, los profetas exílicos y postexíilicos
elaboraron una profunda teología de la historia
como horizonte del concepto de la elección
(vea especialmente Is. 40-66). Yahveh conoce desde la
eternidad todos los acontecimientos y los anuncia
de antemano (Is. 41:21-26; 44:7,26; cp. Dt.
18:21s., Jer. 28:8s.); es el Señor del pasado Is.
43:9; 45:21) y del futuro (Is. 48:3-8; Am. 3:7).
En su soberanía, él escoge y llama a pueblos
paganos EASIRIA, BABILONIA, PERSIA) y a
personas impías ESENAQUERIB, NABUCO
DONOSOR, CIRO) para juzgar a su pueblo y
realizar sus propósitos en la historia.
Si Dios usa a naciones paganas para juzgar a
Su propio pueblo, entonces a fortiori Dios juzgará
también a aquellos pueblos. Dios es, histórica
y políticamente, el señor y juez redentor de
todas las naciones. En la catástrofe nacional los
profetas descubren una universalización totalmente decisiva del obrar de Dios... Al morir
políticamente, Israel toma de la mano a esos
pueblos y los introduce en el futuro de Dios"
(Moltmann, Esperanza, p. 167s.). El único, individuo
llamado "electo entre Salomón y Jesús
es Zorobabel, en cuanto es presunto restaurador
de la dinastía davídica (Hag. 2:23); sin
embargo, a ciertos dirigentes y pueblos pagan
se aplica, igual que a los profetas, casi toda la
terminología eleccionista. Por ejemplo, Yahveh
envía a los babilonios y pone las tierras en
manos de "Nabucodonosor, mi siervo" (Jer.
25:9; 27:6; 43:10; cp. Is. 7:18ss.; 10:5ss.); despierta
a Ciro, "mi pastor, mi ungido (Is.
41:1-5; 44:28-457) y los ejércitos liberadores
de Ciro son "mis consagrados, mis valientes y
los instrumentos de mi ira" (Is. 13:1-5). En el
pensamiento profético, la acción "interina de
Dios entre el exilio y la venida del Mesías se
concentra en los profetas (dentro de Israel) y
los paganos (fuera de Israel).
En algunos pasajes, esto llega al punto de
cuestionar la distinción absoluta y cualitativa
entre Israel y las naciones. Amos, el mismo
profeta que declara a vosotros solamente he
conocido de todas las familias de la tierra
(3:2), termina diciendo: No me sois vosotros
como hijos de etíopes2 y Sugiere que Yahveh
dio un éxodo también a los filisteos. y a los
arameos (9:7-10). Jeremías anuncia la ira de
Dios sobre todos los circuncidados Israelitas,
egipcios, árabes, todos juntos), y sobre todo
incircunciso, porque todas las naciones son
incircuncisas, y toda la casa de Israel es
incircuncisa de corazón Jer. 9:25; cp. 7:12-15;
13:23). Sin embargo, también esta "acción secular
de Dios es por amor de mi siervo Jacob, y
de Israel mi escogido" (Is. 43:4), para el juicio
y la salvación de Israel, y de las naciones todas
(Sal. 47:9s.).
Esta profundización del
concepto de la elección
recalcó el carácter intensamente misionero que
ésta (cp. Is. 2:24; Mi. 4:14, etc.). Especialmente
en Is. 4C-66, la e. ("mi escogido") aparece
en constante paralelismo con vocación "mi
llamado ") y misión ("mi siervo"), ampliada a
todas las etapas del pacte Abraham, Isaac y
Jacob, el pueblo, el remanente y el Siervo
sufriente, escogido de Dios. Los falsos profetas,
y después mucho del judaísmo tardío, tergiversó
la elección en odio a los gentiles, en privilegio egoísta
y elitista: "el mundo existe a favor del pueblo
de Dios" (Asunción de Moisés 1:12; 1 Esdras
6:55). Según los profetas, el pueblo de Dios
existe a favor del mundo (Is. 49:6; 60:3,21;
61:3). (Cp. Newbigen, Familia de Dios, PP
100ss.)
Ya que la infidelidad y la egocentricidad de
Israel le han privado de los privilegios de su elección
los profetas introducen otra novedad radical:
recalcó el carácter intensamente misionero que
ésta (cp. Is. 2:24; Mi. 4:14, etc.). Especialmente
en Is. 4C-66, la e. ("mi escogido") aparece
en constante paralelismo con vocación "mi
llamado ") y misión ("mi siervo"), ampliada a
todas las etapas del pacte Abraham, Isaac y
Jacob, el pueblo, el remanente y el Siervo
sufriente, escogido de Dios. Los falsos profetas,
y después mucho del judaísmo tardío, tergiversó
la elección en odio a los gentiles, en privilegio egoísta
y elitista: "el mundo existe a favor del pueblo
de Dios" (Asunción de Moisés 1:12; 1 Esdras
6:55). Según los profetas, el pueblo de Dios
existe a favor del mundo (Is. 49:6; 60:3,21;
61:3). (Cp. Newbigen, Familia de Dios, PP
100ss.)
Ya que la infidelidad y la egocentricidad de
Israel le han privado de los privilegios de su elección
los profetas introducen otra novedad radical:
el verbo "elegir" aparece en tiempo futuro, y Se
promete que Yahveh volverá a escoger a Su
Pueblo (ls. 14:1; Zac. 1:17; 2:12; 3:2; cp Jer.
S1:1). En el contexto de la esperanza profética
y escatológica, esto condujo también a pensar
por primera vez en una elección para salvación eterna
y personal (Sal. 139:15s. Dn., 12:3; cp. "el
libro de la vida, Ex 32:32 Dn. 12:1; Lc.
10:20; Ap. 3:5).
II. ELECCIÓN EN EL NT
La doctrina de la elección
en el NT se basa enfáticamente
en la del AT, pero se transforma a base
del cumplimiento escatológico en Cristo y la
consecuente apertura misionera en la época
apostólica. Los electos, como el verdadero Israel
y el prometido "remanente", son la comunidad
de fe unida con el Mesías (1 P. 2:4-9). Y mientras
el AT identifica la elección con el acontecimiento
histórico del éxodo, el NT la proyecta hasta
"antes de la fundación del mundo" (Ef. 1:4), a
su fundamentación eterna en la soberana voluntad
de Dios. El NT habla de la elección de Cristo, de
los apóstoles, de Israel, de la iglesia o de una
congregación específica (2 Jn. 1,13), y de los
ángeles (1 Ti. 5:21),.
en la del AT, pero se transforma a base
del cumplimiento escatológico en Cristo y la
consecuente apertura misionera en la época
apostólica. Los electos, como el verdadero Israel
y el prometido "remanente", son la comunidad
de fe unida con el Mesías (1 P. 2:4-9). Y mientras
el AT identifica la elección con el acontecimiento
histórico del éxodo, el NT la proyecta hasta
"antes de la fundación del mundo" (Ef. 1:4), a
su fundamentación eterna en la soberana voluntad
de Dios. El NT habla de la elección de Cristo, de
los apóstoles, de Israel, de la iglesia o de una
congregación específica (2 Jn. 1,13), y de los
ángeles (1 Ti. 5:21),.
A. En los
Evangelios Sinópticos
El término "electos aparece principalmente
en el discurso profético de Jesús y con un
sentido netamente escatológico: son los miembros
de la comunidad mesiánica del fin de los
tiempos (Mt. 24:22, 24,31; cp. 2:14; Mr.
13:20,22,27; Lc. 18:7). Dios dirige todo su pro-
grama histórico en torno a la salvación de ellos
(Mr. 13:20,27; cp. Ap.) y los defiende contra la
tentación (cp. Mt. 6:13; 26:41), la tribulación
(Mr. 13:20) y el engaño de falsos mesías (Mr.
13:22). Al completarse su número llegará el fin
(cp. Le. 21:24) y su reunión de los cuatro
vientos (como nuevo "retorno del remanente;
cp. Sal. 107:3, etc.) será el acontecimiento cumbre
de la historia (Mr. 13:27).
Los electos son los "benditos de mi Padre"
que entrarán en "el reino preparado para vosotros
desde la fundación del mundo" (Mt. 25:34;
cp. 20:23 con 25:41). Así que, aun en los
sinópticos, el lenguaje de la e, se vincula con el
de la predestinación (cp. "la voluntad de mi
Padre", "este vaso", hombres escritos", y la
perspectiva abarca majestuosamente todo el panorama
histórico, desde el misterio inicial de la
creación hasta el misterio final de la consumación (cp. Ef. 1:3-14).
El término "electos aparece principalmente
en el discurso profético de Jesús y con un
sentido netamente escatológico: son los miembros
de la comunidad mesiánica del fin de los
tiempos (Mt. 24:22, 24,31; cp. 2:14; Mr.
13:20,22,27; Lc. 18:7). Dios dirige todo su pro-
grama histórico en torno a la salvación de ellos
(Mr. 13:20,27; cp. Ap.) y los defiende contra la
tentación (cp. Mt. 6:13; 26:41), la tribulación
(Mr. 13:20) y el engaño de falsos mesías (Mr.
13:22). Al completarse su número llegará el fin
(cp. Le. 21:24) y su reunión de los cuatro
vientos (como nuevo "retorno del remanente;
cp. Sal. 107:3, etc.) será el acontecimiento cumbre
de la historia (Mr. 13:27).
Los electos son los "benditos de mi Padre"
que entrarán en "el reino preparado para vosotros
desde la fundación del mundo" (Mt. 25:34;
cp. 20:23 con 25:41). Así que, aun en los
sinópticos, el lenguaje de la e, se vincula con el
de la predestinación (cp. "la voluntad de mi
Padre", "este vaso", hombres escritos", y la
perspectiva abarca majestuosamente todo el panorama
histórico, desde el misterio inicial de la
creación hasta el misterio final de la consumación (cp. Ef. 1:3-14).
Sin embargo, esa
predestinación no es un
fatalismo ni un exclusivismo cerrado.
Los electos son los llamados y los fieles, discípulos del
Mesías mediante una fe obediente.
Los supuestos "hijos del reino se quedarán afuera, si no
siguen a Cristo (M 8:10-12; cp. 7:14; 21
28-43; Lc. 13:24). "Pocos son los escogidos
porque no basta sólo sentirse atraído hacia el
evangelio (Mt. 22:14). La e. se realiza en el discipulado
que hace la voluntad del Padre"
(21:31) y "produce frutos (21:43).
San Lucas desarrolla aún más el concepto de
la elección y lo aplica a Jesús y a los doce apóstoles.
Según Le. 9:35, la voz celestial de la Transfiguracion
proclama: Este es mi Hijo, mi electo
(cp. Is. 42:1; Mt. 17:5); al pie de la cruz los
fatalismo ni un exclusivismo cerrado.
Los electos son los llamados y los fieles, discípulos del
Mesías mediante una fe obediente.
Los supuestos "hijos del reino se quedarán afuera, si no
siguen a Cristo (M 8:10-12; cp. 7:14; 21
28-43; Lc. 13:24). "Pocos son los escogidos
porque no basta sólo sentirse atraído hacia el
evangelio (Mt. 22:14). La e. se realiza en el discipulado
que hace la voluntad del Padre"
(21:31) y "produce frutos (21:43).
San Lucas desarrolla aún más el concepto de
la elección y lo aplica a Jesús y a los doce apóstoles.
Según Le. 9:35, la voz celestial de la Transfiguracion
proclama: Este es mi Hijo, mi electo
(cp. Is. 42:1; Mt. 17:5); al pie de la cruz los
Gobernantes
se burlan de "el Cristo, el electo de
Dios (Lc. 23:35). De igual manera, es Lucas
quien aplica el verbo "escoger" a la elección de los
apóstoles; Mt. y Mr. la describen con los verbos
"llamar", "autorizar”, y "establecer". Cristo los
escoge, en su libre gracia y, no por meritos ni
cualidades en ellos. Los escoge para una misión:
echar fuera demonios, sanar enfermos, proclamar
buenas nuevas. En la teología de Le., pues,
el Electo con sus electos prefiguran la comunidad
del Siervo sufriente y del reino escatológico
que se proyecta a través de los años hasta
el juicio final.
Dios (Lc. 23:35). De igual manera, es Lucas
quien aplica el verbo "escoger" a la elección de los
apóstoles; Mt. y Mr. la describen con los verbos
"llamar", "autorizar”, y "establecer". Cristo los
escoge, en su libre gracia y, no por meritos ni
cualidades en ellos. Los escoge para una misión:
echar fuera demonios, sanar enfermos, proclamar
buenas nuevas. En la teología de Le., pues,
el Electo con sus electos prefiguran la comunidad
del Siervo sufriente y del reino escatológico
que se proyecta a través de los años hasta
el juicio final.
B. En el Evangelio de Juan
El cuarto Evangelio usa el verbo "elegir" y lo
aplica sólo a la e. de los doce (6:70; 13:18;
15:16,19). Igual que los Sinópticos, Jn. insiste
en que Cristo eligió voluntariamente a Judas,
pero aclara además que Jesús sabía desde el
principio que le había de traicionar (6:64,70s.;
13:11,18; cp. 18:4). La presencia de Judas den-
tro del núcleo prototipo de los "electos" reviste
un significado profundo. La e. subraya que
nuestra salvación es enteramente de gracia, por
la soberana voluntad del Señor (13:11,18s,21,
27; cp, Mt, 18:7; 26:24; Le. 22:22; 24:26,44;
Hch. 2:24; 4:32). Pero dicha e. es en si misma
una exigencia, un llamado a la fe y a la obediencia.
Dista muchísimo de un fatalismo determinista
o de una predestinación automática y garantizada.
La elección no elimina la respuesta humana, sino
precisamente la exige.
El cuarto Evangelio usa el verbo "elegir" y lo
aplica sólo a la e. de los doce (6:70; 13:18;
15:16,19). Igual que los Sinópticos, Jn. insiste
en que Cristo eligió voluntariamente a Judas,
pero aclara además que Jesús sabía desde el
principio que le había de traicionar (6:64,70s.;
13:11,18; cp. 18:4). La presencia de Judas den-
tro del núcleo prototipo de los "electos" reviste
un significado profundo. La e. subraya que
nuestra salvación es enteramente de gracia, por
la soberana voluntad del Señor (13:11,18s,21,
27; cp, Mt, 18:7; 26:24; Le. 22:22; 24:26,44;
Hch. 2:24; 4:32). Pero dicha e. es en si misma
una exigencia, un llamado a la fe y a la obediencia.
Dista muchísimo de un fatalismo determinista
o de una predestinación automática y garantizada.
La elección no elimina la respuesta humana, sino
precisamente la exige.
C En
el libro de los Hechos
En Hch. 13 Pablo inicia un largo repaso de la historia salvífica (13:1641) con la e. de los patriarcas. Todas las demás referencias al tema tienen que ver con el apostolado: la' e. de los doce (1:2; 10:41), de Matías, como sucesor de Judas (1:24, postulado por los hermanos y escogido por Suertes), de Pedro, para predicara Cornelio (15:7) y de Pablo para la misión gentil 9:15; 22:14). Es Dios (13:17; 15:7; 22:14) o Cristo (1:2,24; 9:15) quien elige, siempre en una experiencia personal de conocer a Cristo, dar testimonio de él y de su resurrección, y sufrir como testigo por él (9:15s.; cp. 2:23; 5:41; Fil. 1:21). También en Hch. la e. va asociada con la predestinación divina. El mismo Dios, quien en su soberanía geopolítica ordena toda la historia humana (17:26), predestinó la conspiración de Herodes y Pilatos 4:27s.) y la entrega y muerte de Cristo (2:23 3:18). De igual manera, ha ordenado que el Señor crucificado y resucitado juzgue a todos en el día señalado (10:42; 17:31), y traiga tiempos de refrigerio (3:19) y venga a restaurar todas las cosas" (3:21). Con otro verbo (tasso), Hch. habla de los que están ordenados o dispuestos (por Dios?) para la vida eterna (13:48), que son los que oyen la palabra y creen. D. En las Epístolas de Pablo San Pablo es el autor novotestamentario que más atención dedica a la e. y la predestinación.
En su pensamiento,
el tema gira en torno a dos
puntos fundamentales: la justificación por la gracia, y la misión a los gentiles con el correspondiente
Problema del
aparente rechazo de
Israel. El apóstol aplica la terminología de la elección casi exclusivamente a la salvación de los creyentes (excepciones: Jacob, Ro. 9:13; Israel, Ro. 11:27.; el remanente, Ro. 11:5,7 y los ángeles escogidos, 1 Ti. 5:21). De igual manera, refiere la predestinación a la salvación del creyente (Ro. 8:29s.; Ef. 1:5), pero también a todo el plan redentor (1 Co, 2:7). San Pablo se distingue por fundamentar la elección explícitamente en el eterno decreto de Dios, antes de la creación (Ef. 1:4; 2 Ti. 1:9; cp. Mt. 25:34; 1 Co. 2:7; 2 Ts. 2:13), como también por referirla más frecuente y explícitamente a la salvación personal (dentro del grupo, o aparte). La elección de gracia crea el nuevo pueblo de Dios (1 Co. 1:26-29), cp. Dt. 7:7;9:6) de lo que no era pueblo sino "nada" (Ro. 9:25ss. 1 Co. 1:28; cp. Os. 1:9s.; 2:1,23; Ef. 2:11-22; 1 P. 2:10). Este pueblo, bajo Cristo su señor y cabeza, ocupa el pleno centro de lo que Dios va realizando en la historia entera, desde antes de la creación y hasta la consumación final (Ro. 8:18-25; 1 Co. 2:7; 15:25).
La elección es para
salvación (1 Co. 1:18ss.; 2 Ts.
2:13; 2 Ti. 1:9; 2:10), justificación (Ro. 8:29,33), y gloria eterna (Ro. 8:29; 2 Ts. 2:13s., 2 Ti. 2:10). En Ef. 1:3-14 Pablo resume su concepto de la elección en forma de teología de la historia. El primer anhelo de Dios para sus hijos era unirlos a todos en Cristo, su Hijo (1:4s.; cp. Ro. 8:29), y su última meta en la historia es que "todas las cosas han de reunirse bajo una sola cabeza, Cristo" (Ef. 1:10 LA). Dios nos escogió en Cristo para ser santos y sin mancha (1:4); nos predestinó para ser adoptados hijos suyos en el Amado (1:5,6; cp. Ro. 8:29) y para recibir herencia en él (1:11; cp. Ro. 8:17). Es evidente que para Pablo la elección es un elemento mento int 1:6,7; 2:5,7,8; 3:2,7,8). De igual manera, Ro. 9-11 debe verse como una exposición de la fidelidad de Dios a su e. de gracia (11:5). Antes del pasaje (Ro. 8:28-39), y en el centro del pasaje (9:30-10:21), el apóstol expone la justificación para la, fe mediante la gracia. Según 1 Co. 1:25-29, Dios escoge lo necio del mundo, lo débil, lo vil y despreciado, para formar de ello su pueblo (Dt.7:7; 9:6; Os. 1:10; 2:23; Ro. 9:25,29; 1 P. 2:10; Tit. 2:14; cp. Ex. 19:5; 23:32). Precisamente por eso, la elección es un constante motivo de alabanza y acción de gracias (Ef. 1:3; 1 Ts. 1:2; 2 Ts. 2:12: 2 Ti. 1:9). ral de su teología de la gracia (Ef. Como toda la Biblia, Pablo contempla la elección en función de un propósito y finalidad: somos electos para algo". Pablo lo describe caracteris- ticamente en términos de la gloria divina Is.): "para alabanza de la gloria de Su gracia”
por: Cristian Rojas
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