jueves, 7 de mayo de 2020

doctrina de la elección ( C. R)

ELECCIÓN. Acto eterno de Dios por el cual, según su gracia y su soberana voluntad, y no a
base de ningún mérito en el escogido, él escoge
a su pueblo para tener una relación especial
con él y un ministerio especifico dentro de su
pacto. Dicha elección puede ser

de carácter nacional
(Dt. 7:6-8; cp. Ro. 11:28s.),

personal en función de la vocación y el ministerio de determinados individuos (1 S. 10:24; Hch. 1:24),

O personal con referencia al destino final del individuo (Ro. 8:28s.; Ef. 1:4-14).

El concepto afín "predestinación" expresa la

soberanía de Dios en la historia y en la vida de
cada hombre. Dios reina soberanamente sobre:

los acontecimientos (Lc. 22:22; Hch. 2:23;4:27),

los tiempos y lugares (Hch. 17:26,31;Heb. 4:7),

las cosas (Mt. 17:25; 21:2,3; 26:18),

y las perSonas, tanto creyentes como incrédulos
(Is. 41:25, 42:1-13; 44:28-45:7; Hch. 4:27;
Ro. 9:10-13)

para cumplir sus designios en la
naturaleza y la humanidad (Sal. 115:3; Dn.4:34s.),

lograr la redención y la liberación de
los hombres (Is. 42:1-7; 61:14), y dar gloria y
honra a su santo nombre (42:8-13).

Del estudio de las diversas palabras que tanto

en heb. como en gr. significan "elegir" o "pre-destinar" se desprenden varias implicaciones significativas:
1. El concepto y los términos de la elección y predestinación tienen mucha más importancia en la Biblia  especialmente en el AT

2. Mientras la predestinación se refiere sólo

muy contadas veces a la salvación personal

como tal, la elección se refiere típicamente a la redención del pueblo. de Dios y (en el NT) de los
individuos.

3. Ambos conceptos son mucho más amplios
de lo que tradicionalmente se enseña.

1.     ELECCION EN EL AT
                                                                                                
 Es significativo que la terminología de la elección

(bakhir) aparezca por primera vez en el libro de

Dt., en una interpretación teológica de un decisivo

 acontecimiento histórico: el éxodo. El

autor no pudo entender la liberación de su

pueblo débil y esclavizad o, superando obstáculos

Imposibles y conquistando la tierra de Canaán

 excepto en términos de la gracia electiva

de Yahveh y de Su pacto con su pueblo. Es

constante la relación entre el éxodo y la e. en el

pensamiento deuteronómico (Dt. 4:37; 7:6-8;

10:15-22).

Además de la e. del pueblo (5 veces), Du

habla mucho mas recurrentemente de "el lugar

elegido por vuestro 1Dios (12:5; total 21 veces,

aunque Dt. nunca menciona el nombre de Jerusalén)

y de la e. del rey (17:15) y de los levitas

(18:5; 21:5). Todos estos son elementos de la

teología particular, del deuteronomista, en torno

al acontecimiento central del éxodo.

A. En el Pentateuco

Sin usar el término elegirlos escritos anteriores

 a Dt., y especialmente los relatos patriar-

cales de Gn., señalan el hecho mismo de la elección

con otros términos: llamar, apartar, Conocer,

prometer, etc. De hecho, parece interpretar la

historia premosaica a la luz del éxodo y del

concepto mas claro de la e. que provoco este.

La vocación de Abraham, Isaac y Jacob, y

las promesas que Dios les extendió, incluyen en

cada paso una separación (Abraham de Ur y su

parentela, Isaac de Ismael, Jacob de Esaú), pero

afirman a la vez que Dios los usara para bendición

 a todas las naciones, en una forma única y

especial que implica una e. divina (Gn. 12:1-3

5-2 71-22; 18:17-19; 22:15-18:

26:2-5,24; 28:13-15). Si todos los pueblos podrán

 usar el nombre de ellos para bendecirse,

entonces la e. de Abraham reviste un significado

redentor para todos.

Los relatos patriarcales revelan que Dios juro

un pacto con Abraham, el cual constituyó en

esencia una elección y la base de toda exposición

subsecuente de la elección (Gn 15:18, 17:2-21). De

hecho, tanto el relato de éxodo (Ex. 2:24; 6:4)

como muchos pasajes deuteronómicos sobre la

elección (Dt. 4:31-37; 7:6-9, etc.) hacen una referencia

 retrospectiva a este pacto. Como, Dios del

pacto, Yahveh es celoso" (Ex. 20:5;34:14; cp.

Dt. 4:24; 5:9; 6:5) del pueblo que le pertenece

como "posesión particular" (Ex. 19:5, 23:22

LXX; cp. Dt., 4:20; 7:6; 14:2; 26:18). Su amor

es exigente y exclusivo, tanto como selectivo.

Aunque Gn. sólo habla de "un pueblo" que

Dios le concedería a Abraham, ya en Ex. se

introduce el término "mi pueblo", el pueblo de

Dios (Ex. 3:7,10; 5:1; 6:6-8, etc.). El muy

antiguo canto triunfal de Moisés celebra el

pueblo que rescataste" y "redimiste" (15:

13,16). Este pueblo se describe en Ex. 19:5s.

como "nación santa", "mi propiedad personal

entre todos los pueblos", y "reino de sacerdotes”

 (BJ).

Dios "conoció" a Abraham (Gn. 18:19 BJ:

"me he fijado en él", "lo he escogido" [RSV)

y a Moisés (Ex. 33:12,17), y les puso nombre

(Gn. 17:5; cp. 32:28; Ex. 33:12,17; cp. 31:2,

yo he llamado por nombre a Bezaleel

35:30). Esto es de hecho lenguaje de e. (cp.

Am. 3:2; Ro. 8:29) y significa que Yahveh los

había escogido para su tarea especial dentro de

sus planes salvíficos.
Teológicamente, dos notas caracterizan desde

el principio al concepto de la elección en el Pentateuco:

La gracia y el propósito universal de Dios al

elegir a su pueblo. Desde el principio, la e. se

atribuyó exclusivamente a la pura gracia de

Dios. En contraste con documentos de pueblos

paganos contemporáneos, que atribuyen su "elección"

a su superioridad nacional, el deuteronomista se

halla perplejo frente al misterio, por qué

Yahveh escogió a Israel para redimirlo de Egipto

y entregarle la tierra de Canaán? No fue porque

eran más numerosos, poderosos. Ni importantes

Dt. 7:7; cp. 7:1), ni más justos y piadosos (Dt.

9:4-7), sino a pesar de ser pueblo duro de

cerviz" (9:6-8,13; cp. 4:21). Fue por el puro

amor y el favor inexplicable de Yahveh, Dt.

4:37s., 7:6-8; cp. Ex. 33:19), confirmado por

su juramento y pacto (Dt. 7:8; 9:4s.). En cambio,

 el exterminio de los cananeos fue castigo y

consecuencia de su impiedad (7:1-5; 9:4-6). Así

que la elección de gracia es incondicional e inmerecida,

 pero el repudio es castigo merecido y justa

retribución condicional (cp. problema de "doble

predestinación en el NT, abajo).

Viste así, la elección de Israel conlleva la exigencia

de compasión hacia el extranjero y el oprimido

(Dt. 10:15,22; 15:13-15) y una misión a. los

demás pueblos.






B. En los libros históricos

Los libros de Josué hasta Nehemías no suelen

 hablar de la elección del pueblo (pero cp. 1 R.

3:8; 1 Cr. 16:13) ni de los patriarcas (sólo

Abraham es mencionado en Neh. 9:7). En cambio,

 menciona muy frecuentemente la elección divina

del rey (1 S. 10:24; 16:8-12; un total de nueve

veces), y aun más la de la Ciudad de Jerusalén

(Jos. 9:27; 1 R. 8:44,48, un total de 16 veces

Esta última, según Dt. y Jos. en "el lugar que

Jehová había de elegir" (Jos. 9:27) pero no

estuvo establecida hasta los días de David

(1 R. 8:16); se define realmente con la dinastía

davídica (1 R. 8:44,48). Crónicas menciona

también la elección de los levitas (1 Cr. 15:2; cp.

1 S. 2:28).



C. En los profetas

Estrictamente, nunca se habla de la e. de los

profetas a la manera como se hace con los reyes

y sacerdotes; pero muchos otros términos expresan

 en efecto el mismo concepto ("siervo", "llamado

 desde el vientre", "Dios le puso nombre,

etc.; Vg., Is. 49:1-6).

La elección se fundamenta en la acción de Yahveh.

Mientras los profetas preexílicos la refieren a


éxodo, sin mencionar a los patriarcas (Os. 11

cp. 9:10; 13:4; Am. 3:1,2; cp. 2:10; 9:7-10,

etc.), los profetas exílicos y postexlicos remontan

 la teología de la elección hasta el período patriarcal

ds. 41:8s, 51:2; Mi. 7:20; cp. Sal. 105:6,9,20,

42,43) Los profetas también hacen hincapié en que

la e. y el pacto nacen del amor y de la gracia d

Dios (Jer. 31:1-3; Ez. 16:2ss.; Os. 1:2; 3:1

11:5). Sin embargo, la decadencia de la mona

quía y la sombra del cautiverio dificultaron para

el pueblo el comprender la fidelidad de Dios y

la elección Frente a esa crisis, los falsos profetas se

apoyaban en el concepto tradicional del "pueblo

 escogido" y la doctrina ortodoxa de la elección

para tranquilizar la conciencia del pueblo ante

el inminente juicio divino (Is. 48:1s.; Jer.

7:4-15; 14:13s.; Am. 5:14; Mi. 3:11). Los pro-

fetas fieles en cambio, contra toda opinión oficial

 y popular pero guiados por el Espíritu de

Dios, entendieron desde el principio que la elección

del pueblo era tanto responsabilidad como privilegio,

 juicio como amor (Am. 3:2), y también

vocación. La elección traía responsabilidades que, de

no cumplirse, acarreaban el juicio y la ira de

Dios (Jer. 9:2; 11:22s.; Ez. 9:4-10; 16:2743;

Jer. 20:36-38: Os. 2:13;8:1-14; 9:7-10).


Además, los profetas exílicos y postexíilicos

elaboraron una profunda teología de la historia

como horizonte del concepto de la elección

(vea especialmente Is. 40-66). Yahveh conoce desde la

eternidad todos los acontecimientos y los anuncia

 de antemano (Is. 41:21-26; 44:7,26; cp. Dt.

18:21s., Jer. 28:8s.); es el Señor del pasado Is.

43:9; 45:21) y del futuro (Is. 48:3-8; Am. 3:7).

En su soberanía, él escoge y llama a pueblos

paganos EASIRIA, BABILONIA, PERSIA) y a

personas impías ESENAQUERIB, NABUCO

DONOSOR, CIRO) para juzgar a su pueblo y

realizar sus propósitos en la historia.

Si Dios usa a naciones paganas para juzgar a

Su propio pueblo, entonces a fortiori Dios juzgará

 también a aquellos pueblos. Dios es, histórica

 y políticamente, el señor y juez redentor de

todas las naciones. En la catástrofe nacional los

profetas descubren una universalización totalmente decisiva del obrar de Dios... Al morir

políticamente, Israel toma de la mano a esos

pueblos y los introduce en el futuro de Dios"

(Moltmann, Esperanza, p. 167s.). El único, individuo

 llamado "electo entre Salomón y Jesús

es Zorobabel, en cuanto es presunto restaurador

 de la dinastía davídica (Hag. 2:23); sin

embargo, a ciertos dirigentes y pueblos pagan

se aplica, igual que a los profetas, casi toda la

terminología eleccionista. Por ejemplo, Yahveh

envía a los babilonios y pone las tierras en

manos de "Nabucodonosor, mi siervo" (Jer.

25:9; 27:6; 43:10; cp. Is. 7:18ss.; 10:5ss.); despierta

 a Ciro, "mi pastor, mi ungido (Is.

41:1-5; 44:28-457) y los ejércitos liberadores

de Ciro son "mis consagrados, mis valientes y

los instrumentos de mi ira" (Is. 13:1-5). En el

pensamiento profético, la acción "interina de

Dios entre el exilio y la venida del Mesías se

concentra en los profetas (dentro de Israel) y

los paganos (fuera de Israel).

En algunos pasajes, esto llega al punto de

cuestionar la distinción absoluta y cualitativa

entre Israel y las naciones. Amos, el mismo

profeta que declara a vosotros solamente he

conocido de todas las familias de la tierra

(3:2), termina diciendo: No me sois vosotros

como hijos de etíopes2 y Sugiere que Yahveh

dio un éxodo también a los filisteos. y a los

arameos (9:7-10). Jeremías anuncia la ira de

Dios sobre todos los circuncidados Israelitas,

egipcios, árabes, todos juntos), y sobre todo

incircunciso, porque todas las naciones son

incircuncisas, y toda la casa de Israel es

incircuncisa de corazón Jer. 9:25; cp. 7:12-15;

13:23). Sin embargo, también esta "acción secular

 de Dios es por amor de mi siervo Jacob, y

de Israel mi escogido" (Is. 43:4), para el juicio

y la salvación de Israel, y de las naciones todas

(Sal. 47:9s.).
Esta profundización del concepto de la elección

recalcó el carácter intensamente misionero que

ésta (cp. Is. 2:24; Mi. 4:14, etc.). Especialmente

 en Is. 4C-66, la e. ("mi escogido") aparece

 en constante paralelismo con vocación "mi

llamado ") y misión ("mi siervo"), ampliada a

todas las etapas del pacte Abraham, Isaac y

Jacob, el pueblo, el remanente y el Siervo

sufriente, escogido de Dios. Los falsos profetas,

y después mucho del judaísmo tardío, tergiversó

la elección en odio a los gentiles, en privilegio egoísta

y elitista: "el mundo existe a favor del pueblo

de Dios" (Asunción de Moisés 1:12; 1 Esdras

6:55). Según los profetas, el pueblo de Dios

existe a favor del mundo (Is. 49:6; 60:3,21;

61:3). (Cp. Newbigen, Familia de Dios, PP

100ss.)

Ya que la infidelidad y la egocentricidad de

Israel le han privado de los privilegios de su elección

los profetas introducen otra novedad radical:


el verbo "elegir" aparece en tiempo futuro, y Se

promete que Yahveh volverá a escoger a Su

Pueblo (ls. 14:1; Zac. 1:17; 2:12; 3:2; cp Jer.

S1:1). En el contexto de la esperanza profética

 y escatológica, esto condujo también a pensar

por primera vez en una elección para salvación eterna

y personal (Sal. 139:15s. Dn., 12:3; cp. "el

libro de la vida, Ex 32:32 Dn. 12:1; Lc.

10:20; Ap. 3:5).





II. ELECCIÓN EN EL NT


La doctrina de la elección en el NT se basa enfáticamente

 en la del AT, pero se transforma a base

del cumplimiento escatológico en Cristo y la

consecuente apertura misionera en la época

apostólica. Los electos, como el verdadero Israel

y el prometido "remanente", son la comunidad

de fe unida con el Mesías (1 P. 2:4-9). Y mientras

 el AT identifica la elección con el acontecimiento

histórico del éxodo, el NT la proyecta hasta

"antes de la fundación del mundo" (Ef. 1:4), a

su fundamentación eterna en la soberana voluntad

 de Dios. El NT habla de la elección de Cristo, de

los apóstoles, de Israel, de la iglesia o de una

congregación específica (2 Jn. 1,13), y de los

ángeles (1 Ti. 5:21),.


A.   En los Evangelios Sinópticos

El término "electos aparece principalmente

en el discurso profético de Jesús y con un

sentido netamente escatológico: son los miembros

 de la comunidad mesiánica del fin de los

tiempos (Mt. 24:22, 24,31; cp. 2:14; Mr.

13:20,22,27; Lc. 18:7). Dios dirige todo su pro-

grama histórico en torno a la salvación de ellos

(Mr. 13:20,27; cp. Ap.) y los defiende contra la

tentación (cp. Mt. 6:13; 26:41), la tribulación

(Mr. 13:20) y el engaño de falsos mesías (Mr.

13:22). Al completarse su número llegará el fin

(cp. Le. 21:24) y su reunión de los cuatro

vientos (como nuevo "retorno del remanente;

cp. Sal. 107:3, etc.) será el acontecimiento cumbre

de la historia (Mr. 13:27).

Los electos son los "benditos de mi Padre"

que entrarán en "el reino preparado para vosotros

 desde la fundación del mundo" (Mt. 25:34;

cp. 20:23 con 25:41). Así que, aun en los

sinópticos, el lenguaje de la e, se vincula con el

de la predestinación (cp. "la voluntad de mi

Padre", "este vaso", hombres escritos", y la

perspectiva abarca majestuosamente todo el panorama

 histórico, desde el misterio inicial de la

creación hasta el misterio final de la consumación (cp. Ef. 1:3-14).


Sin embargo, esa predestinación no es un

fatalismo ni un exclusivismo cerrado.

Los electos son los llamados y los fieles, discípulos del

Mesías mediante una fe obediente.

Los supuestos "hijos del reino se quedarán afuera, si no

siguen a Cristo (M 8:10-12; cp. 7:14; 21

28-43; Lc. 13:24). "Pocos son los escogidos

porque no basta sólo sentirse atraído hacia el

evangelio (Mt. 22:14). La e. se realiza en el discipulado

 que hace la voluntad del Padre"

(21:31) y "produce frutos (21:43).

San Lucas desarrolla aún más el concepto de

la elección y lo aplica a Jesús y a los doce apóstoles.

Según Le. 9:35, la voz celestial de la Transfiguracion

 proclama: Este es mi Hijo, mi electo

(cp. Is. 42:1; Mt. 17:5); al pie de la cruz los

Gobernantes se burlan de "el Cristo, el electo de

Dios (Lc. 23:35). De igual manera, es Lucas

quien aplica el verbo "escoger" a la elección de los

apóstoles; Mt. y Mr. la describen con los verbos

"llamar", "autorizar”, y "establecer". Cristo los

escoge, en su libre gracia y, no por meritos ni

cualidades en ellos. Los escoge para una misión:

echar fuera demonios, sanar enfermos, proclamar

 buenas nuevas. En la teología de Le., pues,

el Electo con sus electos prefiguran la comunidad

 del Siervo sufriente y del reino escatológico

 que se proyecta a través de los años hasta

el juicio final.



B. En el Evangelio de Juan

El cuarto Evangelio usa el verbo "elegir" y lo

aplica sólo a la e. de los doce (6:70; 13:18;

15:16,19). Igual que los Sinópticos, Jn. insiste

en que Cristo eligió voluntariamente a Judas,

pero aclara además que Jesús sabía desde el


principio que le había de traicionar (6:64,70s.;

13:11,18; cp. 18:4). La presencia de Judas den-

tro del núcleo prototipo de los "electos" reviste

un significado profundo. La e. subraya que

nuestra salvación es enteramente de gracia, por

la soberana voluntad del Señor (13:11,18s,21,

27; cp, Mt, 18:7; 26:24; Le. 22:22; 24:26,44;

Hch. 2:24; 4:32). Pero dicha e. es en si misma

una exigencia, un llamado a la fe y a la obediencia.

 Dista muchísimo de un fatalismo determinista

 o de una predestinación automática y garantizada.

 
La elección no elimina la respuesta humana, sino

precisamente la exige.





C En el libro de los Hechos

En Hch. 13 Pablo inicia un largo repaso de la

historia salvífica (13:1641) con la e. de los

patriarcas. Todas las demás referencias al tema

tienen que ver con el apostolado: la' e. de los

doce (1:2; 10:41), de Matías, como sucesor de

Judas (1:24, postulado por los hermanos y escogido

 por Suertes), de Pedro, para predicara

Cornelio (15:7) y de Pablo para la misión gentil

9:15; 22:14). Es Dios (13:17; 15:7; 22:14) o

Cristo (1:2,24; 9:15) quien elige, siempre en

una experiencia personal de conocer a Cristo,

dar testimonio de él y de su resurrección, y

sufrir como testigo por él (9:15s.; cp. 2:23;

5:41; Fil. 1:21).

También en Hch. la e. va asociada con la

predestinación divina. El mismo Dios, quien en

su soberanía geopolítica ordena toda la historia

humana (17:26), predestinó la conspiración de

Herodes y Pilatos 4:27s.) y la entrega y muerte

de Cristo (2:23 3:18). De igual manera, ha

ordenado que el Señor crucificado y resucitado

juzgue a todos en el día señalado (10:42;

17:31), y traiga tiempos de refrigerio (3:19)

y venga a restaurar todas las cosas" (3:21).

Con otro verbo (tasso), Hch. habla de los que

están ordenados o dispuestos (por Dios?)

para la vida eterna (13:48), que son los que oyen

la palabra y creen.


D. En las Epístolas de Pablo

San Pablo es el autor novotestamentario que

más atención dedica a la e. y la predestinación.


En su pensamiento, el tema gira en torno a dos

puntos fundamentales: la justificación por la

gracia, y la misión a los gentiles con el correspondiente

Problema del aparente rechazo de

Israel. El apóstol aplica la terminología de la elección

casi exclusivamente a la salvación de los creyentes

 (excepciones: Jacob, Ro. 9:13; Israel, Ro.

11:27.; el remanente, Ro. 11:5,7 y los ángeles

escogidos, 1 Ti. 5:21). De igual manera, refiere

la predestinación a la salvación del creyente

(Ro. 8:29s.; Ef. 1:5), pero también a todo el

plan redentor (1 Co, 2:7).

San Pablo se distingue por fundamentar la elección

explícitamente en el eterno decreto de Dios,

antes de la creación (Ef. 1:4; 2 Ti. 1:9; cp. Mt.

25:34; 1 Co. 2:7; 2 Ts. 2:13), como también

por referirla más frecuente y explícitamente

a la salvación personal (dentro del grupo, o

aparte). La elección de gracia crea el nuevo pueblo

de Dios (1 Co. 1:26-29), cp. Dt. 7:7;9:6) de lo

que no era pueblo sino "nada" (Ro. 9:25ss.

1 Co. 1:28; cp. Os. 1:9s.; 2:1,23; Ef. 2:11-22;

1 P. 2:10). Este pueblo, bajo Cristo su señor y

cabeza, ocupa el pleno centro de lo que Dios va

realizando en la historia entera, desde antes de

la creación y hasta la consumación final (Ro.

8:18-25; 1 Co. 2:7; 15:25).



La elección es para salvación (1 Co. 1:18ss.; 2 Ts.

2:13; 2 Ti. 1:9; 2:10), justificación (Ro.

8:29,33), y gloria eterna (Ro. 8:29; 2 Ts.

2:13s., 2 Ti. 2:10).

En Ef. 1:3-14 Pablo resume su concepto de

la elección en forma de teología de la historia. El

primer anhelo de Dios para sus hijos era unirlos

a todos en Cristo, su Hijo (1:4s.; cp. Ro. 8:29),

y su última meta en la historia es que "todas las

cosas han de reunirse bajo una sola cabeza,

Cristo" (Ef. 1:10 LA). Dios nos escogió en Cristo

 para ser santos y sin mancha (1:4); nos

predestinó para ser adoptados hijos suyos en el

Amado (1:5,6; cp. Ro. 8:29) y para recibir

herencia en él (1:11; cp. Ro. 8:17).

Es evidente que para Pablo la elección es un elemento

mento int

1:6,7; 2:5,7,8; 3:2,7,8). De igual manera, Ro.

9-11 debe verse como una exposición de la

fidelidad de Dios a su e. de gracia (11:5). Antes

del pasaje (Ro. 8:28-39), y en el centro del

pasaje (9:30-10:21), el apóstol expone la justificación

 para la, fe mediante la gracia. Según

1 Co. 1:25-29, Dios escoge lo necio del mundo,

lo débil, lo vil y despreciado, para formar de

ello su pueblo (Dt.7:7; 9:6; Os. 1:10; 2:23; Ro.

9:25,29; 1 P. 2:10; Tit. 2:14; cp. Ex. 19:5;

23:32). Precisamente por eso, la elección es un constante

 motivo de alabanza y acción de gracias

(Ef. 1:3; 1 Ts. 1:2; 2 Ts. 2:12: 2 Ti. 1:9).

ral de su teología de la gracia (Ef.

Como toda la Biblia, Pablo contempla la elección

en función de un propósito y finalidad: somos

electos para algo". Pablo lo describe caracteris-

ticamente en términos de la gloria divina

Is.): "para alabanza de la gloria de Su gracia”
por: Cristian Rojas






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