ELECCIÓN. Acto eterno de Dios por el cual, según su gracia y su soberana
voluntad, y no a
base de ningún mérito en el escogido, él escoge
a su pueblo para tener una relación especial
con él y un ministerio especifico dentro de su
pacto. Dicha elección puede ser
de carácter nacional
(Dt. 7:6-8; cp. Ro. 11:28s.),
personal en función de la vocación y el ministerio de determinados
individuos (1 S. 10:24; Hch. 1:24),
O personal con referencia al destino final del individuo (Ro. 8:28s.; Ef.
1:4-14).
El concepto afín "predestinación" expresa la
soberanía de Dios en la historia y en la vida de
cada hombre. Dios reina soberanamente sobre:
los acontecimientos (Lc. 22:22; Hch. 2:23;4:27),
los tiempos y lugares (Hch. 17:26,31;Heb. 4:7),
las cosas (Mt. 17:25; 21:2,3; 26:18),
y las perSonas, tanto creyentes como incrédulos
(Is. 41:25, 42:1-13; 44:28-45:7; Hch. 4:27;
Ro. 9:10-13)
para cumplir sus designios en la
naturaleza y la humanidad (Sal. 115:3; Dn.4:34s.),
lograr la redención y la liberación de
los hombres (Is. 42:1-7; 61:14), y dar gloria y
honra a su santo nombre (42:8-13).
Del estudio de las diversas palabras que tanto
en heb. como en gr. significan "elegir" o
"pre-destinar" se desprenden varias implicaciones significativas:
1. El concepto y los términos de la elección y predestinación tienen mucha
más importancia en la Biblia especialmente en el AT
2. Mientras la predestinación se refiere sólo
muy contadas veces a la salvación personal
como tal, la elección se refiere típicamente a la redención del pueblo. de
Dios y (en el NT) de los
individuos.
3. Ambos conceptos son mucho más amplios
de lo que tradicionalmente se enseña.
1. ELECCION EN EL AT
Es
significativo que la terminología de la elección
(bakhir)
aparezca por primera vez en el libro de
Dt., en una interpretación teológica de un
decisivo
acontecimiento histórico: el éxodo. El
autor no pudo entender la liberación de su
pueblo débil y esclavizad o, superando
obstáculos
Imposibles y conquistando la tierra de Canaán
excepto
en términos de la gracia electiva
de Yahveh y de Su pacto con su pueblo. Es
constante la relación entre el éxodo y la e. en
el
pensamiento deuteronómico (Dt. 4:37; 7:6-8;
10:15-22).
Además de la e. del pueblo (5 veces), Du
habla mucho mas recurrentemente de "el
lugar
elegido por vuestro 1Dios (12:5; total 21 veces,
aunque Dt. nunca menciona el nombre de Jerusalén)
y de la e. del rey (17:15) y de los levitas
(18:5; 21:5). Todos estos son elementos de la
teología particular, del deuteronomista, en
torno
al acontecimiento central del éxodo.
A. En
el Pentateuco
Sin usar el término elegirlos escritos
anteriores
a Dt., y
especialmente los relatos patriar-
cales de Gn., señalan el hecho mismo de la elección
con otros términos: llamar, apartar, Conocer,
prometer, etc. De hecho, parece interpretar la
historia premosaica a la luz del éxodo y del
concepto mas claro de la e. que provoco este.
La vocación de Abraham, Isaac y Jacob, y
las promesas que Dios les extendió, incluyen en
cada paso una separación (Abraham de Ur y su
parentela, Isaac de Ismael, Jacob de Esaú), pero
afirman a la vez que Dios los usara para
bendición
a todas
las naciones, en una forma única y
especial que implica una e. divina (Gn. 12:1-3
5-2 71-22; 18:17-19; 22:15-18:
26:2-5,24; 28:13-15). Si todos los pueblos
podrán
usar el
nombre de ellos para bendecirse,
entonces la e. de Abraham reviste un significado
redentor para todos.
Los relatos patriarcales revelan que Dios juro
un pacto con Abraham, el cual constituyó en
esencia una elección y la base de toda
exposición
subsecuente de la elección
(Gn 15:18, 17:2-21). De
hecho, tanto el relato de éxodo (Ex. 2:24; 6:4)
como muchos pasajes deuteronómicos sobre la
elección (Dt. 4:31-37; 7:6-9, etc.) hacen una
referencia
retrospectiva a este pacto. Como, Dios del
pacto, Yahveh es celoso" (Ex. 20:5;34:14;
cp.
Dt. 4:24; 5:9; 6:5) del pueblo que le pertenece
como "posesión particular" (Ex. 19:5,
23:22
LXX; cp. Dt., 4:20; 7:6; 14:2; 26:18). Su amor
es exigente y exclusivo, tanto como selectivo.
Aunque Gn. sólo habla de "un pueblo"
que
Dios le concedería a Abraham, ya en Ex. se
introduce el término "mi pueblo", el
pueblo de
Dios (Ex. 3:7,10; 5:1; 6:6-8, etc.). El muy
antiguo canto triunfal de Moisés celebra el
pueblo que rescataste" y
"redimiste" (15:
13,16). Este pueblo se describe en Ex. 19:5s.
como "nación santa", "mi
propiedad personal
entre todos los pueblos", y "reino de
sacerdotes”
(BJ).
Dios "conoció" a Abraham (Gn. 18:19
BJ:
"me he fijado en él", "lo he
escogido" [RSV)
y a Moisés (Ex. 33:12,17), y les puso nombre
(Gn. 17:5; cp. 32:28; Ex. 33:12,17; cp. 31:2,
yo he llamado por nombre a Bezaleel
35:30). Esto es de hecho lenguaje de e. (cp.
Am. 3:2; Ro. 8:29) y significa que Yahveh los
había escogido para su tarea especial dentro de
sus planes salvíficos. Teológicamente, dos
notas caracterizan desde
el principio al concepto de la elección en el
Pentateuco:
La gracia y el propósito universal de Dios al
elegir a su pueblo. Desde el principio, la e. se
atribuyó exclusivamente a la pura gracia de
Dios. En contraste con documentos de pueblos
paganos contemporáneos, que atribuyen su
"elección"
a su superioridad nacional, el deuteronomista se
halla perplejo frente al misterio, por qué
Yahveh escogió a Israel para redimirlo de Egipto
y entregarle la tierra de Canaán? No fue porque
eran más numerosos, poderosos. Ni
importantes
Dt. 7:7; cp. 7:1), ni más justos y piadosos (Dt.
9:4-7), sino a pesar de ser pueblo duro de
cerviz" (9:6-8,13; cp. 4:21). Fue por el
puro
amor y el favor inexplicable de Yahveh, Dt.
4:37s., 7:6-8; cp. Ex. 33:19), confirmado por
su juramento y pacto (Dt. 7:8; 9:4s.). En cambio,
el exterminio
de los cananeos fue castigo y
consecuencia de su impiedad (7:1-5; 9:4-6). Así
que la elección de gracia es incondicional e
inmerecida,
pero el
repudio es castigo merecido y justa
retribución condicional (cp. problema de
"doble
predestinación en el NT, abajo).
Viste así, la elección de Israel conlleva la
exigencia
de compasión hacia el extranjero y el oprimido
(Dt. 10:15,22; 15:13-15) y una misión a. los
demás pueblos.
B. En los libros históricos
Los libros de Josué hasta Nehemías no suelen
hablar de
la elección del pueblo (pero cp. 1 R.
3:8; 1 Cr. 16:13) ni de los patriarcas (sólo
Abraham es mencionado en Neh. 9:7). En cambio,
menciona
muy frecuentemente la elección divina
del rey (1 S. 10:24; 16:8-12; un total de nueve
veces), y aun más la
de la Ciudad de Jerusalén
(Jos. 9:27; 1 R. 8:44,48, un total de 16 veces
Esta última, según Dt. y Jos. en "el lugar
que
Jehová había de elegir" (Jos. 9:27) pero no
estuvo establecida hasta los días de David
(1 R. 8:16); se define realmente con la dinastía
davídica (1 R. 8:44,48). Crónicas menciona
también la elección de los levitas (1 Cr. 15:2;
cp.
1 S. 2:28).
C. En los profetas
Estrictamente, nunca se habla de la e. de los
profetas a la manera como se hace con los reyes
y sacerdotes; pero muchos otros términos expresan
en efecto
el mismo concepto ("siervo", "llamado
desde el
vientre", "Dios le puso nombre,
etc.; Vg., Is. 49:1-6).
La elección se fundamenta en la acción de
Yahveh.
Mientras los profetas preexílicos la refieren a
éxodo, sin mencionar a los patriarcas
(Os. 11
cp. 9:10; 13:4; Am. 3:1,2; cp. 2:10; 9:7-10,
etc.), los profetas exílicos y postexlicos remontan
la
teología de la elección hasta el período patriarcal
ds. 41:8s, 51:2; Mi. 7:20; cp. Sal. 105:6,9,20,
42,43) Los profetas también hacen hincapié en
que
la e. y el pacto nacen del amor y de la gracia d
Dios (Jer. 31:1-3; Ez. 16:2ss.; Os. 1:2; 3:1
11:5). Sin embargo, la decadencia de la mona
quía y la sombra del cautiverio dificultaron para
el pueblo el comprender la fidelidad de Dios y
la elección Frente a esa crisis, los falsos
profetas se
apoyaban en el concepto tradicional del
"pueblo
escogido" y la doctrina ortodoxa de la elección
para tranquilizar la conciencia del pueblo ante
el inminente juicio divino (Is. 48:1s.; Jer.
7:4-15; 14:13s.; Am. 5:14; Mi. 3:11). Los pro-
fetas fieles en cambio, contra toda opinión oficial
y popular
pero guiados por el Espíritu de
Dios, entendieron desde el principio que la elección
del pueblo era tanto responsabilidad como privilegio,
juicio
como amor (Am. 3:2), y también
vocación. La elección traía responsabilidades
que, de
no cumplirse, acarreaban el juicio y la ira de
Dios (Jer. 9:2; 11:22s.; Ez. 9:4-10; 16:2743;
Jer. 20:36-38: Os. 2:13;8:1-14; 9:7-10).
Además, los profetas exílicos y postexíilicos
elaboraron una profunda teología de la historia
como horizonte del concepto de la elección
(vea especialmente Is. 40-66). Yahveh conoce
desde la
eternidad todos los acontecimientos y los anuncia
de
antemano (Is. 41:21-26; 44:7,26; cp. Dt.
18:21s., Jer. 28:8s.); es el Señor del pasado
Is.
43:9; 45:21) y del futuro (Is. 48:3-8; Am. 3:7).
En su soberanía, él escoge y llama a pueblos
paganos EASIRIA, BABILONIA, PERSIA) y a
personas impías ESENAQUERIB, NABUCO
DONOSOR, CIRO) para juzgar a su pueblo y
realizar sus propósitos en la historia.
Si Dios usa a naciones paganas para juzgar a
Su propio pueblo, entonces a fortiori Dios juzgará
también a
aquellos pueblos. Dios es, histórica
y
políticamente, el señor y juez redentor de
todas las naciones. En la catástrofe nacional
los
profetas descubren una universalización
totalmente decisiva del obrar de Dios... Al morir
políticamente, Israel toma de la mano a esos
pueblos y los introduce en el futuro de
Dios"
(Moltmann, Esperanza, p. 167s.). El único, individuo
llamado
"electo entre Salomón y Jesús
es Zorobabel, en cuanto es presunto restaurador
de la
dinastía davídica (Hag. 2:23); sin
embargo, a ciertos dirigentes y pueblos pagan
se aplica, igual que a los profetas, casi toda
la
terminología eleccionista. Por ejemplo, Yahveh
envía a los babilonios y pone las tierras en
manos de "Nabucodonosor, mi siervo"
(Jer.
25:9; 27:6; 43:10; cp. Is. 7:18ss.; 10:5ss.);
despierta
a Ciro,
"mi pastor, mi ungido (Is.
41:1-5; 44:28-457) y los ejércitos liberadores
de Ciro son "mis consagrados, mis valientes
y
los instrumentos de mi ira" (Is. 13:1-5).
En el
pensamiento profético, la acción "interina
de
Dios entre el exilio y la venida del Mesías se
concentra en los profetas (dentro de Israel) y
los paganos (fuera de Israel).
En algunos pasajes, esto llega al punto de
cuestionar la distinción absoluta y cualitativa
entre Israel y las naciones. Amos, el mismo
profeta que declara a vosotros solamente he
conocido de todas las familias de la tierra
(3:2), termina diciendo: No me sois vosotros
como hijos de etíopes2 y Sugiere que Yahveh
dio un éxodo también a los filisteos. y a los
arameos (9:7-10). Jeremías anuncia la ira de
Dios sobre todos los circuncidados Israelitas,
egipcios, árabes, todos juntos), y sobre todo
incircunciso, porque todas las naciones son
incircuncisas, y toda la casa de Israel es
incircuncisa de corazón Jer. 9:25; cp. 7:12-15;
13:23). Sin embargo, también esta "acción
secular
de Dios
es por amor de mi siervo Jacob, y
de Israel mi escogido" (Is. 43:4), para el
juicio
y la salvación de Israel, y de las naciones
todas
(Sal. 47:9s.).
Esta profundización del
concepto de la elección
recalcó el carácter intensamente misionero que
ésta (cp. Is. 2:24; Mi. 4:14, etc.). Especialmente
en Is.
4C-66, la e. ("mi escogido") aparece
en
constante paralelismo con vocación "mi
llamado ") y misión ("mi
siervo"), ampliada a
todas las etapas del pacte Abraham, Isaac y
Jacob, el pueblo, el remanente y el Siervo
sufriente, escogido de Dios. Los falsos
profetas,
y después mucho del judaísmo tardío, tergiversó
la elección en odio a los gentiles, en
privilegio egoísta
y elitista: "el mundo existe a favor del
pueblo
de Dios" (Asunción de Moisés 1:12; 1 Esdras
6:55). Según los profetas, el pueblo de Dios
existe a favor del mundo (Is. 49:6; 60:3,21;
61:3). (Cp. Newbigen, Familia de Dios, PP
100ss.)
Ya que la infidelidad y la egocentricidad de
Israel le han privado de los privilegios de su elección
los profetas introducen otra novedad radical:
el verbo "elegir" aparece en tiempo
futuro, y Se
promete que Yahveh volverá a escoger a Su
Pueblo (ls. 14:1; Zac. 1:17; 2:12; 3:2; cp Jer.
S1:1). En el contexto de la esperanza profética
y escatológica, esto condujo también a
pensar
por primera vez en una elección para salvación
eterna
y personal (Sal. 139:15s. Dn., 12:3; cp.
"el
libro de la vida, Ex 32:32 Dn. 12:1; Lc.
10:20; Ap. 3:5).
II. ELECCIÓN EN EL NT
La doctrina de la elección
en el NT se basa enfáticamente
en la del
AT, pero se transforma a base
del cumplimiento escatológico en Cristo y la
consecuente apertura misionera en la época
apostólica. Los electos, como el verdadero
Israel
y el prometido "remanente", son la
comunidad
de fe unida con el Mesías (1 P. 2:4-9). Y mientras
el AT
identifica la elección con el acontecimiento
histórico del éxodo, el NT la proyecta hasta
"antes de la fundación del mundo" (Ef.
1:4), a
su fundamentación eterna en la soberana voluntad
de Dios.
El NT habla de la elección de Cristo, de
los apóstoles, de Israel, de la iglesia o de una
congregación específica (2 Jn. 1,13), y de los
ángeles (1 Ti. 5:21),.
A. En los
Evangelios Sinópticos
El término "electos aparece principalmente
en el discurso profético de Jesús y con un
sentido netamente escatológico: son los miembros
de la comunidad mesiánica del fin de los
tiempos (Mt. 24:22, 24,31; cp. 2:14; Mr.
13:20,22,27; Lc. 18:7). Dios dirige todo su pro-
grama histórico en torno a la salvación de ellos
(Mr. 13:20,27; cp. Ap.) y los defiende contra la
tentación (cp. Mt. 6:13; 26:41), la tribulación
(Mr. 13:20) y el engaño de falsos mesías (Mr.
13:22). Al completarse su número llegará el fin
(cp. Le. 21:24) y su reunión de los cuatro
vientos (como nuevo "retorno del remanente;
cp. Sal. 107:3, etc.) será el acontecimiento cumbre
de la historia (Mr. 13:27).
Los electos son los "benditos de mi Padre"
que entrarán en "el reino preparado para vosotros
desde la fundación del mundo" (Mt.
25:34;
cp. 20:23 con 25:41). Así que, aun en los
sinópticos, el lenguaje de la e, se vincula con el
de la predestinación (cp. "la voluntad de mi
Padre", "este vaso", hombres escritos", y la
perspectiva abarca majestuosamente todo el panorama
histórico, desde el misterio inicial de
la
creación hasta el misterio final de la consumación (cp. Ef. 1:3-14).
Sin embargo, esa
predestinación no es un
fatalismo ni un exclusivismo cerrado.
Los electos son los llamados y los fieles,
discípulos del
Mesías mediante una fe obediente.
Los supuestos "hijos del reino se quedarán
afuera, si no
siguen a Cristo (M 8:10-12; cp. 7:14; 21
28-43; Lc. 13:24). "Pocos son los escogidos
porque no basta sólo sentirse atraído hacia el
evangelio (Mt. 22:14). La e. se realiza en el
discipulado
que hace
la voluntad del Padre"
(21:31) y "produce frutos (21:43).
San Lucas desarrolla aún más el concepto de
la elección y lo aplica a Jesús y a los doce
apóstoles.
Según Le. 9:35, la voz celestial de la Transfiguracion
proclama:
Este es mi Hijo, mi electo
(cp. Is. 42:1; Mt. 17:5); al pie de la cruz los
Gobernantes
se burlan de "el Cristo, el electo de
Dios (Lc. 23:35). De igual manera, es Lucas
quien aplica el verbo "escoger" a la elección
de los
apóstoles; Mt. y Mr. la describen con los verbos
"llamar", "autorizar”, y
"establecer". Cristo los
escoge, en su libre gracia y, no por meritos ni
cualidades en ellos. Los escoge para una misión:
echar fuera demonios, sanar enfermos, proclamar
buenas
nuevas. En la teología de Le., pues,
el Electo con sus electos prefiguran la comunidad
del
Siervo sufriente y del reino escatológico
que se
proyecta a través de los años hasta
el juicio final.
B. En el Evangelio de Juan
El cuarto Evangelio usa el verbo
"elegir" y lo
aplica sólo a la e. de los doce (6:70; 13:18;
15:16,19). Igual que los Sinópticos, Jn. insiste
en que Cristo eligió voluntariamente a Judas,
pero aclara además que Jesús sabía desde el
principio que le había de traicionar
(6:64,70s.;
13:11,18; cp. 18:4). La presencia de Judas den-
tro del núcleo prototipo de los
"electos" reviste
un significado profundo. La e. subraya que
nuestra salvación es enteramente de gracia, por
la soberana voluntad del Señor (13:11,18s,21,
27; cp, Mt, 18:7; 26:24; Le. 22:22; 24:26,44;
Hch. 2:24; 4:32). Pero dicha e. es en si misma
una exigencia, un llamado a la fe y a la
obediencia.
Dista
muchísimo de un fatalismo determinista
o de una
predestinación automática y garantizada.
La elección
no elimina la respuesta humana, sino
precisamente la exige.
C En
el libro de los Hechos
En Hch. 13 Pablo inicia un largo repaso de la
historia salvífica (13:1641) con la e. de los
patriarcas. Todas las demás referencias al tema
tienen que ver con el apostolado: la' e. de los
doce (1:2; 10:41), de Matías, como sucesor de
Judas (1:24, postulado por los hermanos y escogido
por Suertes), de Pedro, para predicara
Cornelio (15:7) y de Pablo para la misión gentil
9:15; 22:14). Es Dios (13:17; 15:7; 22:14) o
Cristo (1:2,24; 9:15) quien elige, siempre en
una experiencia personal de conocer a Cristo,
dar testimonio de él y de su resurrección, y
sufrir como testigo por él (9:15s.; cp. 2:23;
5:41; Fil. 1:21).
También en Hch. la e. va asociada con la
predestinación divina. El mismo Dios, quien en
su soberanía geopolítica ordena toda la historia
humana (17:26), predestinó la conspiración de
Herodes y Pilatos 4:27s.) y la entrega y muerte
de Cristo (2:23 3:18). De igual manera, ha
ordenado que el Señor crucificado y resucitado
juzgue a todos en el día señalado (10:42;
17:31), y traiga tiempos de refrigerio (3:19)
y venga a restaurar todas las cosas" (3:21).
Con otro verbo (tasso), Hch. habla
de los que
están ordenados o dispuestos (por Dios?)
para la vida eterna (13:48), que son los que oyen
la palabra y creen.
D. En las Epístolas de Pablo
San Pablo es el autor novotestamentario que
más atención dedica a la e. y la predestinación.
En su pensamiento,
el tema gira en torno a dos
puntos fundamentales: la justificación por la
gracia, y la misión a los gentiles con el
correspondiente
Problema del
aparente rechazo de
Israel. El apóstol aplica la terminología de
la elección
casi exclusivamente a la salvación de los
creyentes
(excepciones: Jacob, Ro. 9:13; Israel, Ro.
11:27.; el remanente, Ro. 11:5,7 y los ángeles
escogidos, 1 Ti. 5:21). De igual manera,
refiere
la predestinación a la salvación del creyente
(Ro. 8:29s.; Ef. 1:5), pero también a todo el
plan redentor (1 Co, 2:7).
San Pablo se distingue por fundamentar la elección
explícitamente en el eterno decreto de Dios,
antes de la creación (Ef. 1:4; 2 Ti. 1:9; cp.
Mt.
25:34; 1 Co. 2:7; 2 Ts. 2:13), como también
por referirla más frecuente y explícitamente
a la salvación personal (dentro del grupo, o
aparte). La elección de gracia crea el nuevo
pueblo
de Dios (1 Co. 1:26-29), cp. Dt. 7:7;9:6) de
lo
que no era pueblo sino "nada" (Ro.
9:25ss.
1 Co. 1:28; cp. Os. 1:9s.; 2:1,23; Ef.
2:11-22;
1 P. 2:10). Este pueblo, bajo Cristo su señor
y
cabeza, ocupa el pleno centro de lo que Dios
va
realizando en la historia entera, desde antes
de
la creación y hasta la consumación final (Ro.
8:18-25; 1 Co. 2:7; 15:25).
La elección es para
salvación (1 Co. 1:18ss.; 2 Ts.
2:13; 2 Ti. 1:9; 2:10), justificación (Ro.
8:29,33), y gloria eterna (Ro. 8:29; 2 Ts.
2:13s., 2 Ti. 2:10).
En Ef. 1:3-14 Pablo resume su concepto de
la elección en forma de teología de la
historia. El
primer anhelo de Dios para sus hijos era
unirlos
a todos en Cristo, su Hijo (1:4s.; cp. Ro.
8:29),
y su última meta en la historia es que
"todas las
cosas han de reunirse bajo una sola cabeza,
Cristo" (Ef. 1:10 LA). Dios nos escogió
en Cristo
para
ser santos y sin mancha (1:4); nos
predestinó para ser adoptados hijos suyos en
el
Amado (1:5,6; cp. Ro. 8:29) y para recibir
herencia en él (1:11; cp. Ro. 8:17).
Es evidente que para Pablo la elección es un
elemento
mento int
1:6,7; 2:5,7,8; 3:2,7,8). De igual manera, Ro.
9-11 debe verse como una exposición de la
fidelidad de Dios a su e. de gracia (11:5).
Antes
del pasaje (Ro. 8:28-39), y en el centro del
pasaje (9:30-10:21), el apóstol expone la justificación
para
la, fe mediante la gracia. Según
1 Co. 1:25-29, Dios escoge lo necio del mundo,
lo débil, lo vil y despreciado, para formar de
ello su pueblo (Dt.7:7; 9:6; Os. 1:10; 2:23;
Ro.
9:25,29; 1 P. 2:10; Tit. 2:14; cp. Ex. 19:5;
23:32). Precisamente por eso, la elección es
un constante
motivo
de alabanza y acción de gracias
(Ef. 1:3; 1 Ts. 1:2; 2 Ts. 2:12: 2 Ti. 1:9).
ral de su teología de la gracia (Ef.
Como toda la Biblia, Pablo contempla la elección
en función de un propósito y finalidad: somos
electos para algo". Pablo lo describe
caracteris-
ticamente en términos de la gloria divina
Is.): "para alabanza de la gloria de Su
gracia”
por: Cristian Rojas
|
|
|